La maldición de la noche en vela.

Siempre que escribo una entrada de blog, el título, lo dejo casi siempre para el final, pero este no es el caso, ya que resume muy bien el tema de esta que me dispongo a escribir. Podría haber añadido '...de la noche en vela en verano', pero no quise alargarla más. Y es que cuando gozamos de tiempo libre, de ese gustar no haciendo nada, la cabeza si que trabaja, y mucho.

Si a esto le sumamos un horario un poco descontrolado, trasnochar y levantarse tarde, llegará el día que des vueltas y vueltas en la cama sin saber que hacer, hasta que tu cabeza se lance a trabajar. Como no hay nada que hacer comienzas a desfragtmentar y analizar hechos que en otras épocas del año, por la rutina o el estrés, ni siquiera le dedicas un minuto.

Se le da importancia a las cosas que no las tiene, sirviendo el verano como una auténtica lupa de aumento, y cuando pase el verano, y llegue septiembre, octubre y así el otoño dirás: tanto me rallé yo en su momento ¿por esto? El verano dota a nuestros pensamientos de un tamaño que no tienen, taradarás un tiempo en darte cuenta, pero para aquel entonces será tarde, ya te has pasado todo el verano rallado.

El verano es por excelencia el tiempo de los nuevos propósitos, junto al año nuevo, aunque puede que esos propósitos no se limiten a los meses de verano, porque si contemplas la 'operación bikini', vendría de antes, mayo o así. Todos estos propósitos (levantarse temprano, hacer deporte, leer un libro, cuidar la dieta, etc.) no durarán más del día que es eso, propuesto.

No digo que el verano no sea un punto para encontrarse con uno mismo y replantearse la vida que uno lleva, pero... hasta cierto punto. Por ello, además de encontrarte contigo mismo, que no se te olvide disfrutar de ese no hacer nada, pero ¡ojo!, con moderación.

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