Estás presente en mi historia...

La aventura ya empezó, aunque está aún sin terminar. Salí de la infancia: no sé exactamente mi punto de destino. Pero si sé que deseo ser libre, ser yo mismo, sentirme persona.

De vez en cuando siento ganas de volver aquella seguridad plácida del que todo lo tiene resuelto, seguir siendo niño, renunciar a la responsabilidad de mis propias decisiones...

Otras veces, en cambio, me encuentro satisfecho de tomar la iniciativa, de ver que puedo ser útil, que hay gente que me necesita... En ocasiones palpo la debilidad y me dejo manejar desde fuera, renuncio a ser yo mismo...

Me pregunto si hay algún sentido en todo lo que me sucede, si vale la pena esforzarse, si no estoy solo en medio de un desierto lleno de gente...

Pero Él está ahí, silencioso, casi como disculpando su presencia, urdiendo la trama de mi existencia, dando valor y sentido a mi aventura: mis descubrimientos, mis éxitos y mis fracasos, mis frustraciones y desengaños, cuando acepto mi responsabilidad y cuando huyo de ella; me da fuerza en la debilidad, y luz en la oscuridad; me avisa cuando me desvío, me reprende cuando me alejo...

Y si me niego a escucharle, él simplemente espera...

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